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Prohibido hablar de la cosa

Prohibido hablar de la cosa
En Triana tenía que ser.

En ningún otro lugar, como en este barrio sevillano, se puede decir de manera más gráfica, seria y con arte lo que sesudos analistas económicos tratan de hacer todos los días. Me explico:

En algunos establecimientos de Triana (bares, talleres, etc.), al entrar, nos encontramos con un cartel que dice: “PROHIBIDO HABLAR DE LA COSA”. Si te diriges al propietario y le preguntas por el sentido del mismo, te explica que está harto del pesimismo que todo el que entra en su establecimiento trae con él; “la cosa está fatal”, “hay que ver como está la cosa”, “la cosa va cada día peor”, “ojú como está la cosa”.

Con este cartel y con esta actitud se resume lo que tratan de hacer algunos líderes políticos y económicos en el mundo, cambiar el paso de la crisis económica.

Pienso que la economía es un estado de animo y que sólo saldremos de la crisis con una actitud positiva. Claro está que tiene que ser global, pero nuestra actitud diaria y cotidiana también influye, sobre todo en aquellos que continúan teniendo un empleo y una empresa, que deben actuar de manera positiva y pensar que, sin duda, el futuro será mejor.

Las profecías autocumplidas son aquellas, referidas a la economía, en las que, si repites incesantemente que algo va a ir mal, termina siendo así. Por ello es tan importante y le doy tanto valor a la sabiduría popular de estos pequeños empresarios que, probablemente sin saberlo, están saliendo de esta crisis sin que nadie se lo haya explicado.

Por último, hay una condición sine qua non para salir de la crisis. Una acción política en la lucha contra la crisis generando más inversión pública, para fortalecer a la empresa y crear empleo, y un mayor gasto social, para tejer una red económica que sujete a todo aquel que caiga en estos momentos.

España, y el gobierno de Zapatero, están siendo un buen ejemplo de ello.

“NOSOTROS NO TORTURAMOS”. BARACK HUSSEIN OBAMA. 22 DE ENERO DE 2.009

Barack Obama, tras firmar el cierre de Guantánamo ante el vicepresidente, Joe Biden

Barack Obama, tras firmar el cierre de Guantánamo ante el vicepresidente, Joe Biden

Con esta frase (que debería estar grabada en el frontispicio de la democracia más grande del planeta), el nuevo presidente electo Barack Obama dio por finalizada ayer una de las etapas más oscuras de la historia de EE. UU. Una etapa de torturas, vejaciones y violaciones de los derechos humanos en una serie de agujeros negro repartidos por el mundo, cuyo más triste ejemplo es el campo de torturas de Guantánamo.

Viendo el momento de la firma de los tres decretos presidenciales en televisión, se vino a mi mente el momento en que Jose Luis Rodríguez Zapatero en una de sus primeras medidas como Presidente del Gobierno Español, anunció al mundo la retirada de las tropas españolas de Irak.

Al igual que entonces, la firma de estos decretos tiene una serie de connotaciones altamente positivas.

  • La primera, es que es falsa la opción incompatible entre seguridad y libertad, entre seguridad y derechos humanos, tal como la planteaban el Trío de las Azores. La lucha contra el terrorismo hay que ganarla con nuestros principios y valores; sin renunciar a los ideales que conforman nuestras sociedades democráticas. La prueba más fehaciente de ello es el caso de Israel. La violencia engendra más violencia.
  • La segunda es el valor de la política para transformar las cosas, y la importancia de la palabra dada. Obama, al igual que Zapatero, ha cumplido su promesa electoral y nos debemos sentir orgullosos de políticos así, que dejan en evidencia a aquellos que incumplen sistemáticamente sus compromisos con los ciudadanos.
  • Tercero y último, Obama reafirmó ayer, al igual que hizo en el discurso de investidura, la necesidad de recuperar la diplomacia, como la herramienta más eficaz para resolver conflictos. Obama habló en su discurso de la necesidad de un nuevo tiempo de relaciones con el mundo musulmán. Esto no es otra cosa que la Alianza de Civilizaciones, denostada por la derecha española y por la extinta administración Bush.

Ahora probablemente, aquellos que se reían de la inocencia de nuestro presidente, no tengan más remedio que rectificar. Si no lo hacen, irán contra el rumbo de la historia.