Éste no es un artículo a favor de la Torre (Pelli)

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Benito Sánchez Montañez. El Correo de Andalucía 26 de junio de 2009.

No, no lo es. Para estar a favor hay que tener una opinión y nuestro papel aquí como grupo de investigación no es tener opinión, sino aportar datos objetivos sobre los que otros puedan formar sus opiniones justificadamente. Los datos son los que emanan de la investigación realizada y que comento a continuación. El filósofo taoísta chino Zhuangzi dice: “Las cosas no son como son, sino como somos nosotros”. Esta curiosa expresión de subjetividad es precisamente lo que toda ciencia que se precie busca evitar infatigablemente, es decir, saber cómo son las cosas sin que ningún sujeto medie o si lo hace, que sea lo menos posible.

Como se suele explicar en Física, si para medir la temperatura de, digamos una sopa, introdujésemos en ella diez termómetros de mercurio, no sólo afectaríamos a la temperatura de la sopa, sino que ésta llegaría a saber a termómetro (risas). Con ello queremos introducir el discurso sobre la ciencia que hemos aplicado a la hora de estudiar algunos fenómenos sobre la apariencia real del proyecto de la Torre Cajasol: la óptica geométrica y en menor medida la radiometría.

Estas ciencias tienen una gran importancia en la vida cotidiana aunque no lo parezca, pues permiten saber si un objeto determinado se verá o no y de qué forma. Un ejemplo de manual de iluminación: si el sol tiene una iluminación de unos 100.000 lux, pintado en un cuadro de Van Gogh, su valor será como mucho de 1.000 lux y en cambio el fondo más oscuro de ese mismo lienzo tendrá una luminosidad de 100 lux, el contraste será 10 a 1 cuando en la realidad era de más de 10.000 a 1, con esto queremos indicar que las representaciones pictóricas no científicas, incluso las realizadas con modernos programas de render, no son exactas y están hechas para crear ilusiones. Como su nombre indica dan una apariencia de realidad pero no son ni mucho menos reales. Esta herramienta de manipulación se está utilizando con intensidad en el debate sobre la Torre y se pretende esgrimir como argumento frente a las verificaciones de orden científico que proponemos.

Cuando hemos analizado la radiancia que emite la Torre Cajasol sobre observadores situados en las inmediaciones de la Catedral, o el Archivo de Indias, hemos descubierto por métodos estrictamente científicos que ésta será muy baja e, incluso aunque no existieran los conocidos obstáculos de edificios ya consolidados, la Torre no sería prácticamente visible, simplemente porque no se distinguiría del entorno en términos de energía emitida. Por lo tanto tenemos que afirmar objetivamente que la perturbación que hemos definido como interferencia, que produce el proyecto de Torre Cajasol sobre el Conjunto Patrimonio de la Humanidad es despreciable.
Otra cosa diferente sería la percepción de los objetos.

Ésta ya es una cuestión muy subjetiva sobre la que la ciencia puede hacer poco; por ejemplo, no nos apetece ir a una fiesta para no encontrarnos con un rival, no lo hemos visto aún, pero la idea imaginada o percepción mental de su presencia nos produce una incomodidad insoportable. Admitimos que haya personas a las que les moleste saber o percibir que la Torre Cajasol está ahí cuando pasean por la Avenida de la Constitución aunque no puedan verla. Ése no es el problema de los científicos o en todo caso lo será de los psicólogos: por qué la ciudad puede generar hostilidad. Que en puntos concretos del maltratado casco histórico se podrá ver y no sólo percibir la Torre, nadie pretende negarlo, pero esa será una visión ocasional y habrá que evaluarla aparte con otros métodos estadísticos derivados del nuestro.

Se habla del paisaje desde el Aljarafe, ¿pero es que alguien puede realmente pasear por allí?, ¿durante cuánto tiempo? Recurrimos a grabados del siglo XIX o hasta el XVIII para explicar la barbarie de la Torre, puede que entonces el paisaje fuera bello, pero ¿le importaba a alguien que no fuese aristócrata? Una vez más, como en las obras de Calderón, confundimos el sueño con la realidad, la ilusión y los deseos y eso nos lleva a puntos de vista erróneos y a querer resucitar la cruel ciudad barroca de la hipocresía donde bajo el oropel habita el desengaño. La Torre aislada no es un problema o una molestia desaforada como se plantea.

En todo caso el problema no es visual ni óptico, de eso estamos seguros, no porque tengan que creer en nosotros sino porque lo dice la Física, quizá la única rama de la Actividad Humana totalmente democrática, por que busca una explicación lógica de todo para todos independientemente de su condición. Señores descontentos con el proyecto de Torre Cajasol, presenten por favor argumentos objetivos e inteligibles si los tienen, revisen sus planteamientos y puede que no sólo consigan mejorar Sevilla sino reconciliarse con su ciudad.

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