ROSA SOTO VILLAVERDE

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Te has ido y no me ha dado tiempo a decirte adiós.

No he podido darte las gracias por todo lo que has hecho por nosotros. De todos modos no tengo tiempo suficiente en mi vida para agradecerte tus desvelos, tus idas y venidas al cole, tu entrega hacia tus niños, tus cuidados en nuestras enfermedades, tus alientos en los momentos bajos, tus besos, !!Cuantos besos he dejado de darte, por dios¡¡ !!Cuantas veces me decía Mónica que te diera muchos besos, que después todos son pocos¡¡, tu despertar solidario y cariñoso en mis madrugadas de estudios, allí en silencio para que no me durmiera, tu amor profundo a todos, pero tu pasión por Salu, como si fuese un revivir de esa misma pasión muchos años antes con mi madre, con tu niña,… tus mimos….

Que fuerte has sido. Sólo al final, muy al final he visto decaer tu figura alta, poderosa pero siempre tierna.

¿Sabes? Muy pequeño, allá cuando nos trasladamos desde Santa Catalina a San Pablo, todas las noches pedía que no te fueses hasta que yo no creciera lo suficiente para soportarlo. La verdad es que se me concedió con creces, nos ha dado tiempo de que ahora nuestros niños te devolviesen un poquito de todo el cariño que nos distes, todos ellos, sin excepción te han dado todos los abrazos y besos que a mí me gustaría darte ahora.

Y tu historia llena de lagunas, que por no recordar tus dolorosas experiencias me decías: anda hijo eso ya pasó, olvídalo, sufrimos mucho, lo pasé muy mal, fue terrible y tú vives en otro tiempo. Que te costaba contarme tus historias, te admiraba tanto…por tu bondad, por tus recuerdos….tus hermanos y hermanas, hasta once, que murieron todos en la posguerra, tu madre, María, que también murió, seguro que de pena, y tu padre, origen, injusto e inmerecido, de todo ello.

Él, Republicano Radical del Puerto de Santa María, Francisco Soto, nació a final del siglo XIX, comprometido con su tiempo y con su pueblo, militante activo, culto, ¿recuerdas como me contabas que después de la guerra quemasteis todos los libros, tu madre y tú, por miedo a la represión, y que sin que ella se diese cuenta, enterraste un libro envuelto en plástico? La Divina Comedia de Dante. Me dijiste que algún día me dirías donde… se te ha olvidado. Ella y tú, a pesar del miedo, tuvisteis la rebeldía de esconder la alegoría de la República detrás de un cuadro, en memoria de él.

Nunca me terminaste de contar como sucedió todo, como lo asesinaron, donde fue, que le pasó a ella y a tus hermanos. Tus llantos, tú creías que en silencio, llamando a tu madre, eran para un niño de poca edad muy dolorosos

¿Donde pudiste guardar tanto miedo, tanto odio, tanto rencor que cualquiera hubiese tenido y transformarlo en tanto amor….tanto, para todos los que te rodeábamos?.

Sevilla, 22 de enero de 2009

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